EL TERCER HOMBRE
Dirigida por Carol Reed se estrena en 1949 la cinta El Tercer Hombre. Estacionada dentro del cine negro americano, con raíces en el expresionismo alemán. La historia de amistad, traición e intriga se ambienta en Viena durante la posguerra, de ahí que vemos el contexto de una ciudad devastada y un comportamiento de la sociedad de acuerdo a esta situación; en la cinta lidian situaciones que vemos están entre el bien y el mal, la moral y lo amoral la fidelidad y la traición.
De primordial importancia para esta cinta de Carol Reed, resultan los emplazamientos de la cámara; ángulos en picada y contrapicada son utilizados para dar o restar importancia a los personajes y a las situaciones, sin embargo el recurso más usado es el ángulo holandés para darnos la sensación de incertidumbre, desequilibrio y confusión. Y de la mano de la cámara van las luces y sombras, tan típicas del cine negro que nos muestran el ambiente cínico y generalmente sin un final feliz para sus personajes.
La cinta es una vía en espiral que va haciendo varios recorridos; comienza con un falso entierro y de ahí recorre algunos interiores mostrando escaleras de edificios que vemos ya sea en picada o contrapicada, recorre la ciudad destruida y finalmente el recorrido por las cloacas de la ciudad para buscar al personaje que ha fingido su propia muerte pero que en esa espiral encontrara la muerte para terminar la cinta con un verdadero entierro. Durante todos estos recorridos, el director nos va mostrando escenas con las situaciones en las que los personajes tienen que luchar, se encuentran en dilemas hay que escoger entre la fidelidad a un amigo y la ética moral. Pero la escena que a mi modo de ver marca el climax de la historia es cuando las miradas de los personajes de Joseph Cotten y de Orson Wells se cruzan. El primero se asombra al ver que su amigo no está muerto y se da cuenta que ha fingido todo y lo ha manipulado, el segundo en la penumbra y con la cara a medio iluminar tiene una sonrisa cínica.
lunes, 30 de noviembre de 2009
viernes, 20 de noviembre de 2009
RASHOMON
Akira Kurosawa
Basado en los cuentos de Akutagawa, surge esta cinta de drama y misterio que toca el tema de la moral haciendo un análisis de la culpa, el odio, el honor, egoísmo y honestidad. También está el tema de la verdad y lo subjetivo de esta.
En el Japón ancestral una mujer es violada y su marido es asesinado. Hay cuatro personas que estuvieron en el lugar de los hechos: los tres involucrados y un testigo. Todos ellos tienen una versión diferente de lo sucedido y lo cuentan. Haciendo uso de flashbacks se nos rememora la misma historia varias veces. A pesar de que sabemos el desenlace de los hechos, se mantiene al espectador atado a la narrativa ya que la versión de cada quien es diferente.
En el lugar de los hechos había cuatro personas, dos de ellos víctimas, el asesino violador y un testigo que se encontraba en el bosque. A pesar de esto el espectador oye seis versiones de lo sucedido ya que dos personajes que se encuentran en una ruina cuentan lo que oyeron y vieron en el juicio a un tercero que llega para descansar de la lluvia, ninguno fue parte de la historia pasada, ellos son el presente al igual que nosotros que escuchamos la historia.
Las seis historias tienen una moral diferente que se analiza: La débil moral del testigo que se va adaptando a las circunstancias para su conveniencia, la moral ingenua del sacerdote budista, la cobarde del violador, la moral del asesinado que a través de un médium continua manipulando los hechos para salvar su honor, y la doble moral de la mujer violada.
Akira Kurosawa innova con esta cinta el nivel narrativo cinematográfico valiendose de recursos cinematográficos; las luces y las sombras en el bosque nos llevan directamente a las dudas así como la luminosidad del lugar donde se hace el juicio nos hace ver con claridad lo que cada personaje quiere relatar y que tomemos de su historia. Es ahí donde también con los debidos encuadres los personajes, situados en planos, toman importancia o carecen de ella y es también en este escenario en donde el director nos estaciona como oyentes a manera de juzgado del juicio, logrando así establecer el vínculo del espectador con la cinta. De gran importancia es el emplazamiento de la cámara, ángulos en picada y contrapicado, la cámara a nivel, los close ups fueron manejados soberbiamente ya que con estos recursos los personajes adquieren un peso imponente o débil dependiendo de quién cuenta la versión. ,
La cinta se va moviendo con las versiones y el análisis de la moral hasta llegar al final en donde aparece un bebé envuelto en mantas blancas. Del bebé no se sabe nada, realmente es un elemento que no tiene conexión con nada, pero aparece al final probablemente como símbolo o alegoría de la verdad.
La historia podría ser simple pero la majestuosidad con que se hizo la película así como el cuidado que Akira Kurosawa puso en los más mínimos detalles de la puesta en escena, hacen que la cinta coloque al cine japonés a nivel mundial. La historia ha sido imitada por muchos otros directores occidentales ente ellos The Outrage de Martin Ritt.
Basado en los cuentos de Akutagawa, surge esta cinta de drama y misterio que toca el tema de la moral haciendo un análisis de la culpa, el odio, el honor, egoísmo y honestidad. También está el tema de la verdad y lo subjetivo de esta.
En el Japón ancestral una mujer es violada y su marido es asesinado. Hay cuatro personas que estuvieron en el lugar de los hechos: los tres involucrados y un testigo. Todos ellos tienen una versión diferente de lo sucedido y lo cuentan. Haciendo uso de flashbacks se nos rememora la misma historia varias veces. A pesar de que sabemos el desenlace de los hechos, se mantiene al espectador atado a la narrativa ya que la versión de cada quien es diferente.
En el lugar de los hechos había cuatro personas, dos de ellos víctimas, el asesino violador y un testigo que se encontraba en el bosque. A pesar de esto el espectador oye seis versiones de lo sucedido ya que dos personajes que se encuentran en una ruina cuentan lo que oyeron y vieron en el juicio a un tercero que llega para descansar de la lluvia, ninguno fue parte de la historia pasada, ellos son el presente al igual que nosotros que escuchamos la historia.
Las seis historias tienen una moral diferente que se analiza: La débil moral del testigo que se va adaptando a las circunstancias para su conveniencia, la moral ingenua del sacerdote budista, la cobarde del violador, la moral del asesinado que a través de un médium continua manipulando los hechos para salvar su honor, y la doble moral de la mujer violada.
Akira Kurosawa innova con esta cinta el nivel narrativo cinematográfico valiendose de recursos cinematográficos; las luces y las sombras en el bosque nos llevan directamente a las dudas así como la luminosidad del lugar donde se hace el juicio nos hace ver con claridad lo que cada personaje quiere relatar y que tomemos de su historia. Es ahí donde también con los debidos encuadres los personajes, situados en planos, toman importancia o carecen de ella y es también en este escenario en donde el director nos estaciona como oyentes a manera de juzgado del juicio, logrando así establecer el vínculo del espectador con la cinta. De gran importancia es el emplazamiento de la cámara, ángulos en picada y contrapicado, la cámara a nivel, los close ups fueron manejados soberbiamente ya que con estos recursos los personajes adquieren un peso imponente o débil dependiendo de quién cuenta la versión. ,
La cinta se va moviendo con las versiones y el análisis de la moral hasta llegar al final en donde aparece un bebé envuelto en mantas blancas. Del bebé no se sabe nada, realmente es un elemento que no tiene conexión con nada, pero aparece al final probablemente como símbolo o alegoría de la verdad.
La historia podría ser simple pero la majestuosidad con que se hizo la película así como el cuidado que Akira Kurosawa puso en los más mínimos detalles de la puesta en escena, hacen que la cinta coloque al cine japonés a nivel mundial. La historia ha sido imitada por muchos otros directores occidentales ente ellos The Outrage de Martin Ritt.
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