Akira Kurosawa
Basado en los cuentos de Akutagawa, surge esta cinta de drama y misterio que toca el tema de la moral haciendo un análisis de la culpa, el odio, el honor, egoísmo y honestidad. También está el tema de la verdad y lo subjetivo de esta.
En el Japón ancestral una mujer es violada y su marido es asesinado. Hay cuatro personas que estuvieron en el lugar de los hechos: los tres involucrados y un testigo. Todos ellos tienen una versión diferente de lo sucedido y lo cuentan. Haciendo uso de flashbacks se nos rememora la misma historia varias veces. A pesar de que sabemos el desenlace de los hechos, se mantiene al espectador atado a la narrativa ya que la versión de cada quien es diferente.
En el lugar de los hechos había cuatro personas, dos de ellos víctimas, el asesino violador y un testigo que se encontraba en el bosque. A pesar de esto el espectador oye seis versiones de lo sucedido ya que dos personajes que se encuentran en una ruina cuentan lo que oyeron y vieron en el juicio a un tercero que llega para descansar de la lluvia, ninguno fue parte de la historia pasada, ellos son el presente al igual que nosotros que escuchamos la historia.
Las seis historias tienen una moral diferente que se analiza: La débil moral del testigo que se va adaptando a las circunstancias para su conveniencia, la moral ingenua del sacerdote budista, la cobarde del violador, la moral del asesinado que a través de un médium continua manipulando los hechos para salvar su honor, y la doble moral de la mujer violada.
Akira Kurosawa innova con esta cinta el nivel narrativo cinematográfico valiendose de recursos cinematográficos; las luces y las sombras en el bosque nos llevan directamente a las dudas así como la luminosidad del lugar donde se hace el juicio nos hace ver con claridad lo que cada personaje quiere relatar y que tomemos de su historia. Es ahí donde también con los debidos encuadres los personajes, situados en planos, toman importancia o carecen de ella y es también en este escenario en donde el director nos estaciona como oyentes a manera de juzgado del juicio, logrando así establecer el vínculo del espectador con la cinta. De gran importancia es el emplazamiento de la cámara, ángulos en picada y contrapicado, la cámara a nivel, los close ups fueron manejados soberbiamente ya que con estos recursos los personajes adquieren un peso imponente o débil dependiendo de quién cuenta la versión. ,
La cinta se va moviendo con las versiones y el análisis de la moral hasta llegar al final en donde aparece un bebé envuelto en mantas blancas. Del bebé no se sabe nada, realmente es un elemento que no tiene conexión con nada, pero aparece al final probablemente como símbolo o alegoría de la verdad.
La historia podría ser simple pero la majestuosidad con que se hizo la película así como el cuidado que Akira Kurosawa puso en los más mínimos detalles de la puesta en escena, hacen que la cinta coloque al cine japonés a nivel mundial. La historia ha sido imitada por muchos otros directores occidentales ente ellos The Outrage de Martin Ritt.
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